martes, 28 de noviembre de 2006

El mito de Pedro Páramo


Comala, el pueblo donde supuestamente radica su padre, es el lugar principal donde el desarrollo de la historia se desenvuelve con un aire tétrico y desolado. Un pueblo, de una región desértica, donde el viento sopla en la tarde dejando esa sensación de vacío existencial para el lector, pero a la vez con una onda calida que parece acogernos para la llegada de la noche. En donde al oscurecer, pareciera que el entorno sombrío se vuelve aún más fantasmagórico. Es la sensación, que al parecer, nos intenta transmitir Juan Rulfo en esta dramática obra mexicana.








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